sábado, 3 de enero de 2026

La importancia de pasar tiempo personal con Jesús por la mañana


La importancia de pasar tiempo personal con Jesús por la mañana



Cada mañana cuando nos despertamos, podemos elegir cómo comenzaremos nuestro día. Por ejemplo, consideremos dos situaciones hipotéticas.


Situación hipotética 1: Suena el despertador. Alcanza su celular y empieza a mirar sus mensajes de texto, correos electrónicos y redes sociales. Más tiempo pasa mientras que se pone al día con las noticias. Luego se levanta con la mente ocupada por su lista de tareas pendientes. El día acaba de empezar, pero usted ya se siente inundado mientras se apresura a ponerse en marcha.


Situación hipotética 2: Escucha sonar el despertador y dice: “Señor Jesús, Te amo”. Se levanta de la cama y pasa tiempo en comunión con Él en oración y leyendo Su Palabra. Una vez está refrescado y alimentado espiritualmente, se siente fortalecido para el día que tiene por delante.


Probablemente todos preferiríamos la segunda situación. En esta entrada, hablaremos de cómo empezar cada día con el Señor Jesús aporta beneficios invaluables a nuestra vida espiritual y también mencionaremos algunos consejos para desarrollar este hábito.


La importancia de pasar tiempo con el Señor

Si queremos tener una relación con alguien, es esencial pasar tiempo con esa persona. No hay sustituto para pasar tiempo cara a cara con alguien. Esto es aún más cierto en nuestra relación con el Señor Jesús. Él es una persona maravillosa que vive en nosotros y que quiere que lo conozcamos de una manera personal. Pasar tiempo en Su presencia es irremplazable. Es durante esos momentos que podemos tener comunión con Él y comenzar a conocerlo a un nivel más profundo.


La Biblia nos asegura que cuando volvemos nuestro corazón al Señor, lo miraremos a cara descubierta, es decir, sin nada entre nosotros.


En 2 Corintios 3:16-18 se nos dice:


“Pero cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado. Y el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu”. 


El Señor hoy está tan cerca; Él como Espíritu está morando en nuestro espíritu. Cuando nuestros corazones se vuelven a Él, todos los velos son quitados y podemos mirarlo a cara descubierta en nuestro espíritu. Mientras hablamos con el Señor en oración y dejamos que Él nos hable, Él imparte más de Sí mismo en nosotros.


El mejor momento del día para pasar con Jesús

Definitivamente podemos, y deberíamos, contactar al Señor en nuestro espíritu a lo largo del día. Cualquier tiempo que pasemos con Él es valioso.


Pero el mejor momento del día para pasar tiempo ininterrumpido con el Señor es por la mañana, antes de que nuestros corazones y mentes estén ocupados por tantas otras cosas. Probablemente hemos notado cómo las oportunidades de estar a solas con Jesús parecen disminuir a medida que avanza el día. Antes de que nos demos cuenta, el día ha terminado y estamos exhaustos.


En lugar de apresurarnos para ponernos en marcha, podemos disfrutar de la comunión íntima con el Señor Jesús en la frescura de un nuevo día. Mientras todo todavía está tranquilo, podemos abrir nuestros corazones para mirar Su belleza, tener comunión con Él, hablarle y disfrutar de Él en Su Palabra. Al pasar este tiempo sin interrupciones con nuestro amado Señor Jesús, entramos más y más en una relación afectuosa y personal con Él.


Tener este tiempo por la mañana también ayuda a establecer la dirección y el tono para el resto de nuestro día. No podemos subestimar el valor de mirar al Señor a primera hora por la mañana.


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Encontrarnos con el Señor en la mañana

Muchos versículos a lo largo de la Biblia hablan de encontrarse con Dios por la mañana. Aquí hay algunos del Antiguo Testamento:


Salmos 5:3: “Oh Jehová, por la mañana oirás mi voz; por la mañana te presentaré mis palabras en orden, y velaré”.


Isaías 26:9: “En la noche te desea mi alma; en verdad mi espíritu dentro de mí te busca por la madrugada; porque cuando Tus juicios están en la tierra, los habitantes del mundo aprenden justicia”. 


Isaías 50:4: “El Señor Jehová me ha dado lengua de discípulo, para que sepa sostener con una palabra al cansado. Mañana tras mañana me despierta; despierta mi oído para que escuche como discípulo”. 


Y en el Nuevo Testamento, el mismo Señor Jesús es nuestro ejemplo:


Marcos 1:35: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, [Jesús] salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”. 


Establecer un hábito

Pasar tiempo con el Señor a primera hora de la mañana requiere más que una inspiración fugaz. Tenemos que hacer un esfuerzo e incluso establecerlo como un hábito, lo que requiere práctica y perseverancia. Es posible que no tengamos éxito todos los días, pero con el tiempo, llegará a ser una parte regular de nuestras vidas sin la que no podremos vivir.


Veamos algunos consejos prácticos para establecer este hábito espiritual saludable.


1. Pedirle ayuda al Señor. Dado que el Señor desea tener una relación con nosotros, seguramente responderá a nuestras oraciones sobre este asunto. Podemos orar: “Señor Jesús, realmente quiero comenzar mi día contigo. Suminístrame la gracia cada mañana para poner todo lo demás a un lado para poder estar contigo primero”.


2. No se quede despierto demasiado tarde. Ir a dormir tarde hace que sea difícil estar con el Señor antes de tener que seguir con nuestro día. Hacer un pequeño cambio de ir a dormir incluso 20 o 30 minutos antes nos ayudará a levantarnos más temprano para que podamos estar con el Señor por la mañana.


3. No se desanime por los fracasos. Deberíamos recordar que forjar un hábito para toda la vida requiere práctica. Si fracasamos, no sirve de nada ser duros con nosotros mismos. En lugar de eso, podemos simplemente empezar de nuevo a la mañana siguiente. La Biblia nos dice en Lamentaciones 3:23 que las compasiones del Señor son nuevas cada mañana. Sólo tenemos que tomarlo un día a la vez.


4. Comience con algo pequeño y sea constante. Al desarrollar un nuevo hábito, es fácil intentar abarcar más de lo que podemos manejar. Podemos sentirnos inspirados y prometernos a nosotros mismos que dedicaremos una hora al Señor todas las mañanas. Pero probablemente no podremos mantener eso por mucho tiempo, especialmente si nunca lo hemos hecho antes. Es mejor comenzar con algo pequeño, tal vez sólo 10 minutos, e ir aumentando el tiempo poco a poco. Puede encontrar lo que funcione mejor para usted, pero lo principal es ser constante.


5. Trate de usar una copia impresa de la Biblia. La mejor manera de evitar todas las distracciones en nuestros teléfonos celulares es guardarlos durante nuestro tiempo con el Señor. Puede intentar usar una copia impresa de la Biblia en lugar de leerla en su dispositivo. Esto hace que sea más fácil centrarse en el Señor y en Su Palabra y evitar la tentación de revisar mensajes, correos electrónicos u otras notificaciones.


Que el Señor nos ayude a todos a ver cada mañana como una oportunidad preciosa para disfrutar de Él y deleitarnos en Él.


Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para usarla en su tiempo con el Señor.



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¿Qué fue lo que realmente sucedió en el huerto del Edén?

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La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la historia de Adán y Eva en el huerto del Edén. La desobediencia de Adán y Eva es lo que usualmente nos llama la atención en esta historia, y esto tiene sentido. Desobedecer a Dios es un asunto serio.


Pero ¿alguna vez se ha preguntado qué tenía de malo comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? ¿Cómo pudo ese hecho resultar en la caída de toda la humanidad? Y cuando Dios les dijo a Adán y Eva que no comieran de ese árbol, ¿estaba poniéndolos a prueba, sólo para ver si le obedecerían?


Puesto que Adán y Eva desobedecieron a Dios y comieron del árbol del conocimiento, Dios no podía simplemente ignorarlo. Su justicia requería que los castigara y los expulsara del huerto.


Pero ¿fue eso todo lo que ocurrió?


El mayor problema


Supongamos que una botella contiene algo venenoso, de modo que una madre le dice a su hijo: “No bebas de esta botella. Lo que hay dentro es peligroso”. ¿Acaso ella le da ese mandato al niño solamente para ponerlo a prueba y ver si ha de obedecerle o no? Claro que no. Su mandato es en realidad una advertencia amorosa. Supongamos que el niño desobedece y bebe de la botella. Ciertamente, su desobediencia es un problema. Pero ahora, debido a que bebió de la botella, el niño ha sido envenenado, y eso es un problema mucho más grave.


Esta situación es muy parecida a lo que ocurrió en el huerto con Adán y Eva. El problema no sólo fue que desobedecieron a Dios. El problema más grave fue lo que ingirieron y el efecto que esto tuvo en ellos. Y puesto que Adán representaba a toda la humanidad, lo que sucedió allí afectó a todos los seres humanos.


Dos árboles en el huerto del Edén

A fin de protegerlos, Dios les mandó a Adán y Eva que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal. Él les dijo que si comían de ese árbol, morirían, porque ese árbol representaba a Satanás, la fuente de la muerte.


Sin embargo, en el huerto había otro árbol: el árbol de la vida. El árbol de la vida representaba a Dios, la fuente de la vida. Este era el árbol del cual Dios quería que el hombre participara a fin de que lo recibiera a Él, quien es la vida divina.


Aunque Dios tenía un anhelo profundo de compartir Su vida divina con el hombre, Él no obligaría al hombre que Él creó a comer de este árbol. En vez de eso, Dios quería que el hombre usara su libre albedrío para escogerlo. El hombre podía prestarle atención a la advertencia de Dios o no. Dependía de él.


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Satanás engañó a Adán y Eva

Dios fue honesto con Adán y Eva, mandándoles que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal. Él les advirtió que hacer esto les traería muerte. Sin embargo, Dios los dejó escoger de cuál árbol comer.


Satanás, por el contrario, fue engañoso y vino a Eva en el huerto disfrazado de serpiente. Él quería que Adán y Eva desobedecieran a Dios debido a que él sabía que si comían del árbol del conocimiento, los seres humanos que Dios creó para expresarle ingerirían el veneno de su naturaleza maligna y serían corrompidos por el pecado y la muerte para siempre.


Hablando astutamente a Eva, Satanás distorsionó las palabras de Dios e incluso mintió abiertamente, insinuando que Dios estaba ocultando algo bueno de Adán y Eva. Él hizo que Eva dudara del buen corazón de Dios hacia ellos. Génesis 3:6 nos dice lo que sucedió después:


“Y cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer y que era deleitoso a los ojos, y árbol deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, con ella, y él comió”.


Adán y Eva desobedecieron a Dios y por medio de esta desobediencia ingirieron la naturaleza venenosa del diablo. Las consecuencias de lo que hicieron fueron profundas y nos afectan a cada uno de nosotros aún hoy día.


Asegúrese de leer la próxima entrada de esta serie para descubrir cuáles fueron estas consecuencias, cómo éstas afectan nuestras vidas hoy y qué hizo Dios al respecto.

 


Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.


Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.


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¿Alguna vez ha notado que invocar el nombre del Señor se menciona numerosas veces a lo largo de la Biblia? El pueblo de Dios ha invocado Su nombre durante siglos. De hecho, la primera mención de esta práctica se encuentra en el capítulo 4 de Génesis.


Pero ¿qué significa invocar el nombre del Señor?


Dado que esta frase se menciona tan frecuentemente en la Palabra de Dios, sin duda merece nuestra atención. En esta entrada, usaremos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver qué significa invocar al Señor y por qué es tan importante para nuestra vida cristiana.


El significado de invocar en hebreo y griego

El Antiguo Testamento fue escrito originalmente en hebreo y el Nuevo Testamento en griego. Estos idiomas son muy ricos y a veces transmiten más en una sola palabra que el español. Por ejemplo, en hebreo, la palabra traducida como invocar en español significa llamar en voz alta o clamar. Y en griego, significa invocar a una persona, llamar a una persona por su nombre. Así que, por definición, invocar al Señor es audible. Es decir Su nombre en voz alta, incluso clamar a Él.


Por ejemplo, cuando un niño pequeño se cae de un columpio, inmediatamente grita: “¡Mami!”. Cuando su madre escucha su llanto, corre hacia él, le seca las lágrimas y lo tranquiliza. Los niños claman por sus madres y padres cuando tienen hambre, están cansados o están asustados; llaman a sus padres para obtener la ayuda que necesitan.


De la misma manera, podemos clamar al Señor cuando estamos hambrientos o sedientos espiritualmente, o cuando necesitamos Su cuidado. Podemos invocarlo en todo tipo de situación, y tener la seguridad de que Él responderá exactamente con lo que necesitamos.


Una breve historia de invocar el nombre del Señor

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En el Antiguo Testamento

Como ya hemos mencionado, la práctica de invocar al Señor comenzó hace mucho tiempo, con la tercera generación de la humanidad. Génesis 4:26 dice:


“Y a Set [hijo de Adán] también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. En aquel tiempo los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”.


¿Por qué los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová en aquel tiempo?


El significado del nombre Enós nos da una pista: significa hombre mortal y frágil. Debido a que la humanidad cayó y se apartó de Dios, el hombre llegó a ser frágil y mortal. Para cuando Enós nació, los seres humanos se habían dado cuenta de que eran vulnerables, incluso frágiles, y que su vida era limitada. Estaban muy conscientes de su mortalidad, y reconocían su necesidad de Dios.


Así que comenzaron a invocar a Jehová, el nombre del Señor. Jehová significa Yo soy el que Soy. Esto indica que Jehová existe para siempre; sólo Él es el Eterno. Los seres humanos frágiles y mortales lo invocaron porque sabían que necesitaban al Dios eterno.


Muchos versículos del Antiguo Testamento nos muestran que invocar el nombre del Señor continuó después de Enós con Abraham, Isaac, Moisés, David y muchos otros, incluyendo a los salmistas y profetas.


En el Nuevo Testamento

Luego, en el Nuevo Testamento, invocar el nombre del Señor se menciona por primera vez en Hechos 2:21:


“Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo”.


En el Nuevo Testamento, el nombre del Señor es Jesús, que significa Jehová el Salvador. Los primeros creyentes practicaban invocar audiblemente el nombre del Señor Jesús en todas partes. De hecho, Hechos 9 nos dice que Saulo, antes de creer en Jesús y llegar a ser el apóstol Pablo, era celoso de la religión judía. Perseguía a los cristianos y tenía autoridad para encarcelar a todos los que invocaran el nombre del Señor. Saulo encontró creyentes para arrestar al escucharlos invocar el nombre de Jesús. Esto muestra cuán prevaleciente era la práctica de invocar al Señor en aquellos días.


Después de ser salvo, Pablo mismo practicó invocar el nombre del Señor Jesús, y destacó esta práctica a lo largo de sus epístolas. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:2 Pablo se dirigió a los creyentes en Corinto:


“A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, los santos llamados, con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”.


¡Este versículo nos muestra que los primeros creyentes incluso invocaban al Señor en cualquier lugar!


Los resultados de invocar el nombre del Señor

La práctica de invocar el nombre del Señor puede beneficiarnos enormemente de muchas maneras. Veamos algunas de estas maneras que Pablo menciona en Romanos 10.


Ser salvo eternamente 

Romanos 10:9 dice:


“Que si confiesas con tu boca a Jesús como Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.


Este versículo habla tanto de nuestro corazón como de nuestra boca. En el momento en que inicialmente creímos en Jesús con nuestro corazón y confesamos Su nombre con nuestra boca, fuimos salvos eternamente del juicio de Dios. Fuimos perdonados de nuestros pecados y nacimos de nuevo con la vida divina de Dios.


Disfrutar de las riquezas de Cristo

Pablo luego continuó en Romanos 10:12-13: 


“Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos y es rico para con todos los que le invocan; porque: ‘Todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo’”.


El Señor es ciertamente rico en lo que Él es, pero también quiere ser rico para con nosotros. Invocar Su nombre es la manera en que podemos experimentar Sus riquezas.


En el Nuevo Testamento Versión Recobro, la nota 1 sobre invoque en el versículo 13 es muy útil. Nos dice que invocar el nombre del Señor Jesús es importante no sólo cuando somos salvos inicialmente, sino también después:


“Invocar el nombre del Señor es la clave no sólo para nuestra salvación, sino también para nuestro disfrute de las riquezas del Señor. Comenzando con Enós, la tercera generación de la humanidad, y pasando por todos los siglos hasta llegar a los creyentes neotestamentarios, los redimidos y escogidos de Dios han disfrutado la redención y la salvación de Cristo y todas Sus riquezas por medio de esta clave”.


Cristo es tan rico de muchas maneras: como consuelo, paz, amor, esperanza, paciencia, benignidad, resiliencia, longanimidad, fortaleza, fe y todas las cosas positivas en el universo. Y simplemente invocar Su nombre, “¡Oh, Señor Jesús!” es la clave para disfrutar de Sus riquezas todos los días de nuestra vida.


Ser salvos diariamente

Una vez más, Romanos 10:13 nos asegura que “Todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo”. Pero ¿salvo de qué?


Cuando primero confesamos a Jesús como Señor, fuimos salvos eternamente. Pero también necesitamos ser salvos diariamente de muchas cosas negativas, incluyendo la ira, la impaciencia, la tristeza, el desánimo y la ansiedad.


Invocar: “¡Oh, Señor Jesús!” no es lo mismo que recitar palabras inspiradoras o afirmaciones positivas para mejorar nuestro estado de ánimo. En cambio, cuando invocamos el nombre de Jesús, contactamos al Señor viviente y resucitado que mora en nuestro espíritu. Al invocar Su nombre, lo experimentamos, y Él satisface nuestra necesidad.


De hecho, somos salvos de las cosas negativas al disfrutar de lo que el Señor es para nosotros. La nota 2 sobre salvo en el versículo 13 explica:


“Aquí ser salvos significa ser conducidos a disfrutar de las riquezas del Señor. El Señor es rico para con los judíos y también para con los griegos. Todos los que invocan el nombre del Señor disfrutan del rico Señor; como resultado, son llenos de Él y le expresan”.


Así que cuando invocamos al Señor Jesús, somos salvos al ser conducidos a disfrutar de Sus riquezas. Mientras disfrutamos de Él, lo experimentamos e incluso estamos llenos de Él. Entonces, en lugar de expresarnos a nosotros mismos en nuestra ira o impaciencia, lo expresamos a Él a los que nos rodean. Y la clave es simplemente invocar Su nombre, “¡Oh, Señor Jesús!”.


Una práctica para toda la vida

Invocar el nombre del Señor es una práctica esencial para toda nuestra vida cristiana. A pesar de que hemos sido salvos del juicio de Dios, todavía somos tan frágiles y mortales como aquellos en la época de Enós. La vida es a menudo confusa, abrumadora y llena de disturbios. Muchas veces se nos recuerda que estamos limitados, tanto física como psicológicamente. Necesitamos que el Señor y todas Sus riquezas nos llenen.


Incluso si no tenemos una necesidad particular, podemos contactar al Señor en nuestro espíritu al invocar: “Oh, Señor Jesús. Señor Jesús, te amo”. Y podemos invocarlo en cualquier lugar, en cualquier momento, en los buenos y en los malos tiempos. Podemos invocar en voz alta o en voz baja, solos o con otros creyentes. Cuando hagamos esto, seremos refrescados, satisfechos y fortalecidos. ¡Él es tan rico para con todos los que le invocan!


Usted puede aprender más sobre ésta práctica disfrutable en el capítulo 4 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1, un libro electrónico gratuito que puede descargar desde cualquier parte del mundo aquí.



¿Qué significa nacer de nuevo?

 ¿Qué significa nacer de nuevo?



hombre leyendo la Biblia

Los términos nacido de nuevo y regenerado son bastante familiares para muchas personas y por lo general se asocian con llegar a ser cristiano.


Pero ¿qué significa nacer de nuevo? ¿Significa tener un nuevo comienzo para vivir una vida moral? Si ese es el caso, ¿tiene que nacer de nuevo una persona que ya es buena, recta y ética?


En esta entrada veremos lo que dice la Biblia acerca de nacer de nuevo.


Nicodemo y el Señor Jesús

Echemos un vistazo a la historia de Nicodemo en Juan 3. Nicodemo era un hombre moral tenido en alta estima en su comunidad. Vino a Jesús una noche en privado y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro”.


Nicodemo pudo haber querido que Jesús le enseñara cómo mejorarse a sí mismo aún más para que pudiera ser perfecto. Pero antes de que Nicodemo pudiera decir algo más, Jesús le dijo en Juan 3:3:


“De cierto, de cierto te digo: El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.


Nicodemo no parecía tener ningún problema moral o pecaminoso. Así que esta palabra puede haberle sorprendido. También podría sorprendernos a nosotros, especialmente si pensamos que sólo las personas que son obviamente inmorales o poco éticas necesitan nacer de nuevo.


Pero no son sólo las personas pecadoras o inmorales las que necesitan ser regeneradas. Todo ser humano necesita nacer de nuevo a fin de recibir la vida divina y eterna de Dios.


Sin importar cuán nobles, buenos o rectos seamos, sin nacer de nuevo, sólo tenemos nuestra vida humana; no tenemos la vida de Dios. Pero Dios quiere que tengamos Su vida. Por eso Él nos creó.  


Así que, ¿cómo podemos tener la vida eterna de Dios? El Señor Jesús dijo que debemos nacer de nuevo, es decir, nacer espiritualmente con la vida de Dios.


Nacidos del Espíritu en nuestro espíritu

Cuando un bebé nace, nace de sus padres con la vida humana de sus padres. Nacer de nuevo, o ser regenerado, simplemente significa que nacemos de Dios con la vida de Dios.


En Juan 3:6, Jesús le explicó a Nicodemo cómo esto puede ser:


“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.


La nota 2 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a ver lo que significa nacido del Espíritu, espíritu es:


“El primer Espíritu mencionado aquí es el Espíritu divino, el Espíritu Santo de Dios, y el segundo espíritu es el espíritu humano, el espíritu regenerado del hombre. La regeneración se lleva a cabo en el espíritu humano por medio del Espíritu Santo de Dios, con la vida de Dios, la vida eterna e increada. Así que, ser regenerado significa tener la vida eterna y divina (además de la vida humana, la vida natural) como la nueva fuente y el nuevo elemento de una nueva persona”.


Nuestro espíritu humano es la parte más profunda de nuestro ser. Fue creado de una manera particular por Dios con la capacidad de contactar a Dios y recibirlo. Cuando creímos en Jesús, nuestro espíritu humano nació del Espíritu divino. ¡Ahora tenemos la vida de Dios!


Dios no quiere gente ética que no tenga Su vida. Él quiere que los seres humanos lleguen a ser Sus hijos, engendrados con Su vida.


Nacer de nuevo no tiene nada que ver con la resolución de ser una mejor persona o hacer borrón y cuenta nueva. Tiene todo que ver con nacer del Espíritu en nuestro espíritu con la vida de Dios.


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La regeneración en 1 Pedro

Podemos ver más sobre la regeneración en 1 Pedro 1:3:


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.


Las notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro en este versículo ayudan a aclarar este maravilloso asunto. Leeremos sólo la primera parte de la nota 4 que explica lo que obtenemos a través de la regeneración:


“La regeneración, al igual que la redención y la justificación, es un aspecto de la plena salvación de Dios. La redención y la justificación resuelven el problema que tenemos con Dios y nos reconcilian con Él; la regeneración nos vivifica con la vida de Dios, llevándonos a una relación de vida, una unión orgánica, con Dios”. 


Cuando creemos en Jesucristo y todo lo que Él hizo por nosotros, nuestros pecados son perdonados, y somos traídos de vuelta a Dios. Esto fue cumplido mediante la redención de Cristo. Estamos muy agradecidos por este aspecto de la salvación completa que Dios efectúa.


Pero eso no es todo. Al ser regenerados, somos vivificados con la vida de Dios. Ahora la relación que tenemos con Dios no es objetiva, como la de una criatura y su Creador. Nacer de nuevo introdujo la vida de Dios en nosotros, y debido a eso, nuestra relación con Él es una relación de vida, o una unión orgánica. 


Esto es diferente a dos objetos inanimados simplemente unidos por pegamento. En cambio, nuestra relación con Dios es como la unión de un pámpano en una vid. El pámpano se une a la vid orgánicamente y comparte la vida de esa vid.


¿Cómo deberíamos vivir después de nacer de nuevo?

El nacimiento de un bebé es un acontecimiento maravilloso. Pero es sólo el comienzo del crecimiento y desarrollo del bebé.


De la misma manera, nacer de nuevo es sólo el comienzo de nuestra vida cristiana. Entonces, ¿qué debemos hacer después de nacer de nuevo?


Después de nacer, la necesidad principal de un bebé es respirar y comer. Un recién nacido no necesita enseñanzas ni libros de texto sobre cómo comportarse. Necesita aire y alimento. Mientras reciba la nutrición adecuada, crecerá espontáneamente, sin luchar o esforzarse. El bebé simplemente respira y come, y así crece a través de todas las etapas de la vida hasta la adultez.


Sucede lo mismo con nuestra vida cristiana. Una vez que nacemos de nuevo, nuestra necesidad más importante es respirar y ser nutridos espiritualmente para que esta nueva vida en nuestro espíritu pueda crecer. Podemos hacer esto al orar, invocar el nombre del Señor, y pasar tiempo en la Palabra de Dios. A medida que crecemos, expresaremos la vida de Dios cada vez más en nuestro vivir diario.


Aquí solamente pudimos tocar brevemente este maravilloso asunto de nacer de nuevo con la vida de Dios. El Nuevo Testamento Versión Recobro contiene más notas de las que podríamos incluir en esta entrada, especialmente sobre los versículos en 1 Pedro 3. Si usted vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita para que pueda leerlas y obtener una apreciación más completa de la regeneración.


También le recomendamos encarecidamente que lea el capítulo 3, “La primera experiencia de vida: la regeneración” en El conocimiento de la vida. Este libro excelente sobre la experiencia que tiene un creyente de la vida de Dios proporciona una ayuda invaluable. Puede descargar este libro electrónico gratuito desde cualquier lugar del mundo aquí.


Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.


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Varias cosas maravillosas suceden cuando nos arrepentimos y recibimos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador. Somos perdonados de todos nuestros pecados y librados de ser condenados por Dios y del castigo eterno. Como resultado, por primera vez en nuestras vidas, tenemos felicidad y paz incalculables. No podemos evitar amar al Señor Jesús quien murió por nosotros en la cruz.


Perdonados, librados y nacidos de nuevo

Ciertamente es maravilloso ser perdonado por Dios y librado del castigo eterno, pero eso no es todo. Quizás lo más asombroso que nos sucede cuando creemos en el Señor Jesús es que nacemos de nuevo, es decir, somos regenerados.


¿Qué significa la expresión nacer de nuevo? Algunos piensan que es una figura retórica, como el dicho hacer borrón y cuenta nueva, lo cual quiere decir que deciden ser mejores personas. Pero nacer de nuevo es algo más profundo. Según la Biblia, nacer de nuevono es una metáfora que significa tener un nuevo comienzo. Por el contrario, nacer de nuevo es experimentar un nacimiento espiritual verdadero: hemos renacido con la vida de Dios.


¿Por qué necesitamos nacer de nuevo?

Ya que nuestros pecados han sido perdonados, ¿no es eso suficiente? ¿Por qué necesitamos nacer de nuevo?


Nacimos con la vida física y humana, la cual recibimos de nuestros padres. Pero Dios quiere que tengamos Su vida divina además de nuestra vida humana. Renacemos con la vida divina de Dios al creer en Cristo.


Sin importar si somos personas buenas que viven una vida muy moral, o si vivimos en el otro extremo o en algún punto intermedio, cada uno de nosotros necesita renacer espiritualmente a fin de tener la vida divina de Dios.


En Juan 3:3 el Señor Jesús nos deja en claro que todos debemos nacer de nuevo:


“El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.


A fin de que Su plan se lleve a cabo, Dios quiere que seamos personas quienes no sólo han sido perdonadas y limpiadas, sino quienes también poseen Su vida divina.


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Dos nacimientos

Es por eso que Dios nos creó como vasos para contenerle. Específicamente, Él nos hizo con un espíritu humano, la parte más profunda de nuestro ser, la cual puede contactar, recibir y contener a Dios.


El Señor Jesús dijo en Juan 3:6: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. “Nacido de la carne” se refiere a nuestro nacimiento físico, y “nacido del Espíritu” se refiere a nuestro nacimiento espiritual.


“El Espíritu” es el Espíritu de Dios, y “espíritu” se refiere a nuestro espíritu humano. Cuando creemos en Jesucristo, nuestro espíritu humano nace del Espíritu con la vida divina de Dios.


¿Cómo es esto posible?

Dios es santo y justo. ¿Cómo puede Él dar Su vida eterna y divina a seres humanos pecaminosos? Gracias a que Cristo murió en la cruz, Dios puede perdonar y limpiar plenamente a todos aquellos que se arrepienten y creen en Él. Ahora el Dios santo y justo puede entrar en nuestro espíritu y engendrarnos con Su vida.


Necesitamos darnos cuenta de que Dios nos perdona, limpia y libra del castigo eterno para que podamos recibir Su vida eterna.


Para ilustrar esto, supongamos que queremos servirnos un zumo delicioso en un vaso. Pero hay un problema: el vaso está sucio. Primero debemos lavar el vaso y luego podemos llenarlo con el zumo.


De igual manera, Dios desea llenarnos consigo mismo como vida divina, pero primero nosotros los pecadores necesitamos ser limpiados con la sangre de Jesús. Una vez que creemos y somos limpiados, la vida divina puede entrar en nosotros sin ningún obstáculo.


Nacer de nuevo nos hace hijos de Dios

De la misma manera que nacer físicamente de nuestros padres nos hace sus hijos, nacer de Dios espiritualmente nos hace hijos de Dios.


Juan 1:12-13 nos dice este hecho:


“Mas a todos los que le recibieron [a Jesucristo], a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.


¿No es maravilloso que nosotros como seres humanos podamos tener la vida divina de Dios y ser Sus hijos? ¡Qué cosas tan maravillosas nos sucedieron cuando fuimos salvos!


Agradeceremos al Señor Jesús por toda la eternidad por morir en la cruz por nosotros a fin de que pudiéramos ser perdonados y limpiados de nuestros pecados. Estamos muy agradecidos por que ya no estamos bajo la condenación de Dios, la cual conduce al castigo eterno. Pero también le agradecemos a Dios que Su salvación va más allá. ¡Nacimos del Espíritu en nuestro espíritu! ¡Tenemos la vida de Dios!


Podemos hacer eco de la alabanza que el apóstol Pedro ofrece a Dios en 1 Pedro 1:3:


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.


Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.


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¿Cuál es la voluntad de Dios?


¿Cuál es la voluntad de Dios?



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Probablemente le hayamos preguntado a Dios en algún momento: “¿Cuál es Tu voluntad para mi vida?”. Tal vez hayamos deseado saber la voluntad de Dios respecto a qué deberíamos estudiar en la universidad, qué tipo de trabajo deberíamos tener o con quién nos deberíamos casar.


Es propio de la naturaleza humana estar intensamente centrados en nuestros propios asuntos y no en los asuntos de Dios. Después de todo, ya que Dios es todopoderoso y divino, ¿qué podría querer o necesitar?


Dios creó los cielos, la tierra y toda la humanidad. ¿Por qué? La Biblia nos da la respuesta en Col. 1:15-20; Mt. 3:17; 12:18; Ap. 4:11:“Digno eres Tú, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas”.


Estos versículos nos dice claramente que Dios lo creó todo por causa de Su voluntad. Cuando comparamos nuestros asuntos personales con la creación de los cielos, de la tierra y de toda la humanidad, tenemos que concluir que la voluntad de Dios debe ser algo mucho más significativo que simplemente a qué universidad deberíamos ir o qué trabajo deberíamos tener.


Así que, ahora que sabemos que todas las cosas fueron creadas por causa de la voluntad de Dios, ¿cuál es la voluntad de Dios?


Nuestro Dios es un Dios de propósito

En primer lugar, tenemos que darnos cuenta de que Dios es un Dios lleno de propósito. Pensar que Dios haría algo al azar sin tener un propósito no tiene sentido. Ni siquiera nosotros malgastaríamos nuestro tiempo y esfuerzo en construir algo sin tener una razón o un propósito en mente.


Veamos Efesios 1:5 y 9 y prestemos atención a algunas palabras claves en estos versículos:


“Predestinándonos para filiación por medio de Jesucristo para Sí mismo, según el beneplácito de Su voluntad”.


“Dándonos a conocer el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, el cual se había propuesto en Sí mismo”.


Estos versículos hablan claramente de que Dios tiene un beneplácito, una voluntad, que se propuso en Sí mismo. En la eternidad pasada, antes que existiera cosa alguna, en el corazón de Dios había un deseo, algo que Él quería. Para obtener ese deseo, Él elaboró un plan. Este plan es la voluntad de Dios, Su propósito eterno. La creación del universo y de la humanidad es parte de ese propósito.


Dios lo hace todo con ese propósito particular en mente. Así que, ¿cuál es el beneplácito del corazón de Dios?


Dios quiere muchos hijos

Es probable que tengamos nuestras propias ideas acerca de cuál es el propósito de Dios. Pero ¿qué dice la Biblia?


Efesios 1:5 nos dice que Dios nos predestinó “para filiación por medio de Jesucristo para Sí mismo según el beneplácito de Su voluntad”.


El beneplácito de la voluntad de Dios es tener muchos hijos engendrados por Él por medio de la regeneración que compartan Su vida y naturaleza divinas y que, al crecer en la vida divina, éstos expresen a Dios y Dios sea visto a través de ellos.


Pero eso no es todo. El libro de Efesios nos muestra aún más qué es el propósito de Dios y qué será lo que cumplirá el deseo de Su corazón.


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Dios quiere la iglesia

Dios desea tener hijos que posean Su vida y naturaleza. Pero también desea que esos muchos hijos colectivamente sean Su iglesia. Podemos ver esto en Efesios 3:10-11:


“A fin de que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor”.


Según el propósito eterno de Dios, Su multiforme sabiduría será dada a conocer por medio de la iglesia, la cual está compuesta por todos los hijos de Dios, los cuales han sido regenerados.


Puede que individualmente expresemos a Dios hasta cierto punto, pero nadie puede expresarlo plenamente. Nuestro Dios es tan grande y tan rico que necesita una expresión grande y rica por medio de Su iglesia. Dios quiere que Sus muchos hijos sean edificados juntos en Su vida como iglesia. Tal iglesia será un testimonio para el universo de quién Él es, así como de Su plena expresión en la tierra, tanto hoy como por la eternidad.


¿Cómo podemos llegar a ser esta iglesia? La nota 2 en cuanto a la palabra iglesia en Efesios 3:10 en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:


“Como lo revela el v. 8, la iglesia se produce de las inescrutables riquezas de Cristo. Cuando los escogidos de Dios participan de las riquezas de Cristo y las disfrutan, son constituidos de esas riquezas para ser la iglesia, mediante la cual se da a conocer la multiforme sabiduría de Dios a los principados y potestades angélicos en los lugares celestiales. Por lo tanto, la iglesia es la sabia exhibición que Dios hace de todo lo que Cristo es”.


Por eso es tan importante que nosotros, como hijos de Dios, leamos la Biblia consistentemente. A medida que ingerimos a Cristo como alimento en la Palabra, participamos de Él y somos reconstituidos. Así como la comida que comemos constituye nuestro cuerpo físico, las riquezas de Cristo que disfrutamos en la Palabra nos constituyen para ser la iglesia. Entonces, podemos expresarlo tanto individualmente en nuestra vida diaria, como junto con otros creyentes como la iglesia. Así es como Dios puede obtener el deseo de Su corazón.


Si le gustaría entender más acerca de la iglesia y del propósito de Dios, le animamos a que descargue nuestro libro electrónico gratuito La iglesia gloriosa aquí.


Todos los versículos son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.



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Anteriormente hablamos de que el hombre fue creado por Dios para Su propio propósito, pero se convirtió en un ser caído, pecaminoso e incapaz de vivir de una manera que cumpliera el plan de Dios. Las consecuencias de la caída del hombre son trágicas, y vemos su efecto en nuestras vidas y dondequiera que miremos hoy día.


Sin embargo, ¡Dios nunca puede ser derrotado! Y aunque el plan de Dios fue frustrado por un tiempo, éste nunca puede ser arruinado. En Su sabiduría, Dios tomó tres tremendos pasos para llevar a cabo Su plan original de impartir Su vida eterna en nosotros a fin de que participemos de Su vida y le expresemos.


Paso 1: Dios se hizo un hombre llamado Jesucristo

Hay dos versículos en el libro de Juan que describen el primer paso que Dios tomó. Juan 1:1 dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Luego, Juan 1:14 dice: “Y el Verbo se hizo carne, y fijó tabernáculo entre nosotros”.


Cuando juntamos estos dos versículos vemos algo extraordinario. El Verbo, quien es Dios, se hizo carne. ¡Dios se hizo hombre! Este primer paso por medio del cual Dios se hizo hombre se conoce como la encarnación.


Este paso es verdaderamente asombroso. El Dios del universo, quien es infinito y eterno, se hizo un hombre de carne y sangre, Jesucristo. Jesús vivió una vida humana limitada por el tiempo y el espacio y experimentó toda clase de sufrimiento humano. No obstante, Él fue el único hombre en toda la historia humana que no tuvo pecado. Durante Sus treinta y tres años y medio en la tierra, Él expresó plenamente a Dios en cada aspecto de Su vivir. Podemos ver Su humanidad maravillosa, la manera en que vivió y las palabras de gracia y verdad que Él habló cuando leemos los cuatro Evangelios.


A través de la encarnación, Cristo se vistió de un cuerpo físico de carne y sangre, lo cual hizo posible que Él muriera por nosotros. Su vida perfecta y sin mancha lo hizo apto para efectuar la redención por nosotros en la cruz.


Paso 2: Cristo murió en la cruz a fin de redimirnos

Jesucristo vino a morir por nuestros pecados. Juan 1:29 nos dice que cuando Juan el Bautista lo vio, declaró: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. Como Cordero de Dios, Cristo fue sacrificado por nosotros en la cruz. El segundo paso en el plan de salvación de Dios fue la crucifixión de Cristo.


Es por medio de la crucifixión de Cristo que la humanidad pecaminosa fue redimida, como podemos ver en Efesios 1:7:


“En quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de los delitos según las riquezas de Su gracia”.


La sangre de Cristo fue derramada no sólo para redimirnos y limpiarnos de nuestros pecados, sino también para acercarnos a Dios. Efesios 2:13 nos dice:


“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.


Nosotros los seres humanos pecaminosos podemos ser redimidos, perdonados y traídos de nuevo a Dios gracias a la crucifixión de Cristo.


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Paso 3: Cristo se levantó de entre los muertos

La muerte de Cristo efectuó la redención, pero Su muerte redentora no es el fin de la historia. ¡Jesucristo se levantó de entre los muertos y derrotó a la misma muerte! El tercer paso en el plan de salvación de Dios es la resurrección de Cristo.


La resurrección de Cristo es un hecho cumplido, pero no es sólo para que lo apreciemos objetivamente. En 1 Corintios 15:45 leemos estas palabras extraordinarias:


“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán, Espíritu vivificante”.


Esto es tremendamente importante. Como un hombre de carne y sangre, Cristo nunca hubiera podido entrar en nosotros para ser vida para nosotros. Él nos redimió mediante Su muerte, pero nos puede impartir vida debido a que fue resucitado.


En resurrección, el Cristo que fue crucificado por nosotros es ahora el Espíritu vivificante. Como Espíritu, Él puede entrar en nuestro espíritu humano para morar en nosotros. De este modo, nacemos de nuevo y ¡llegamos a ser hijos de Dios con la vida de Dios!


Cristo, quien es el Espíritu vivificante, está disponible en cualquier momento y en cualquier lugar para todo aquel que se arrepienta, crea en Él y abra su corazón para recibirle. Cuando lo recibimos, recibimos la vida eterna, como Dios se había propuesto originalmente. A medida que esta vida crece en nosotros, extendiéndose desde nuestro espíritu hasta nuestra alma, expresamos a Dios a todos los que nos rodean.


La caída del hombre fue calamitosa. Sin embargo, el plan de salvación de Dios fue llevado a cabo por estos tres tremendos pasos: la encarnación, la crucifixión y la resurrección. Dios en Cristo efectuó la redención por nosotros para perdonar nuestros pecados y traernos de nuevo a Sí mismo. Dios nos redimió con el fin de que Él pudiera cumplir Su meta de entrar en nuestro espíritu para vivir en nosotros y ser expresado a través de nosotros.


¿Ha orado para ser perdonado de sus pecados y recibir la vida de Dios? Si no lo ha hecho, puede orar una oración sencilla como ésta:


Señor Jesús, me vuelvo a Ti y abro mi corazón a Ti. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Gracias por resucitar de entre los muertos. Gracias, Señor, por ser el Espíritu vivificante. Señor Jesús, creo en Ti y Te recibo en mí espíritu ahora mismo. ¡Gracias, Señor, por venir a vivir en mí!


Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.


Todos los versículos son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.



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